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miércoles, 26 de noviembre de 2008

LOS TRES HERMANOS

Érase una vez una familia muy pobre que tenía tres hijos. Como eran tan pobres no tenían ni para comer, así que fueron mandando a sus hijos a buscar fortuna. El primer hermano salió y fue por un camino hasta que llegó a un cruce. Tomó por la derecha y al cabo de algún tiempo se encontró con un pajarillo que se había caído del nido. Lo cogió con suavidad y lo subió a su árbol. Entonces el pájaro le dijo:
- Por tu buen corazón voy a darte un obsequio: toma uno de los huevos que hay en el nido. Con él podrás saber dónde está la persona que tú quieras. Ahora sigue tu camino y en el primer pueblo que encuentres te quedas siete días.
El padre envió al segundo hijo. Llegó al cruce y echó por el camino del medio. Llevaba ya algún tiempo caminando cuando vio cómo se le caía un cofrecillo a un pobre anciano que iba montado en su burro. El lo recogió y se lo llevó al viejo. Este le dijo:
- Por tu buen corazón te voy a obsequiar con el cofre. No guarda nada dentro, pero es muy valioso, pues todo el que se meta dentro puede ser transportado a donde desee. Sigue tu camino y en el primer pueblo que te encuentres te quedas siete días.
El padre envió al tercer hijo. Llegó también al cruce de caminos y decidió ir por el de la izquierda. Al cabo de cierto tiempo se encontró una anciana que estaba siendo atacada por los lobos. Corrió sin dudarlo hacia ella y ahuyentó a las bestias. La anciana se levantó y le dijo:
- Por tu buen corazón te voy a obsequiar con esta espada. Con ella serás invencible. Sigue tu camino y en el primer pueblo que encuentres te quedas siete días.
Siguió su camino y al llegar al pueblo se encontró con sus hermanos. Se contaron su aventura y decidieron quedarse a cumplir los siete días con el último que había llegado.
Apenas se había cumplido el plazo de los siete días cuando el rey hizo público un bando en el que se decía que el que liberase a su hija de las garras del dragón le concedería su mano. Los tres hermanos decidieron ir a rescatarla. El del huevo averiguó que estaba en una isla. El del cofre los trasladó a todos hasta allí. Y el de la espada derrotó al dragón y liberó a la princesa. Cuando estuvieron ante el rey, éste preguntó cuál de ellos había liberado realmente a su hija. Los tres hermanos se disputaban la hazaña. La princesa cortó la discusión decidiendo que se casaría con los tres.
LLamaron a los padres a palacio y vivieron todos felices el resto de sus días. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Lo recogió Benito Lupiañez Romera, 17 años.
Lo contó su madre Elena Romera,43 años.
Albondón.

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PERIQUITO Y MARIQUITA

Érase una madre que tenía dos hijos: Periquito y Mariquita. Un día les hizo un manda’o y les dijo que al que primero llegara le daría un bollico. Los niños se fueron cada uno por su lado. Cuando Volvió Mariquita con el recado hecho le preguntó a su madre si había vuelto Periqiuito. Su madre le dijo que no y que para ella era el bollico. Pero la mandó ir a llevar la comida a su padre, que estaba en el campo y le ordenó muy severamente que no se le ocurriera destapar la olla.
Por el camino Mariquita empezó a pensar por qué su madre le habría prohibido abrir el puchero. Tanto le pudo su curiosidad que no resistió la tentación y miró dentro. Y vio arriba del todo el de’ico pino de su hermano. Mariquita empezó a llorar, venga a llorar. Y se encontró por el camino con una vieja que le preguntó:
- ¿Por qué lloras, Mariquita?
- Porque mi madre ha matado a mi Periquito y se lo ha "habia’o" a mi padre.

- Pues no llores. Tú lo que tienes que hacer cuando tu padre esté comiendo es recoger todos los huesos. Y si te dice que para qué los quieres, tú le respondes que para el perrico de la vecina. Luego los siembras y los riegas.
Cuando su padre estaba comiendo, ella iba recogiendo los huesicos. Su padre le preguntaba:
- ¿Para qué los quieres?
Y ella contestaba:
- Para el perrico de la vecina.
Cuando ya terminó su padre, enterró los huesos como le había dicho la vieja. Y todo los días iba a regarlos.
Fue creciendo una mata; cada vez se fue haciendo más grande y un día salió Periquito, cargado de frutas y flores. Entonces se presentó en su casa y su madre, al verlo, le dijo:
- Dame una manzana, Periquito.
- No, que tú me mataste.
Entonces el padre le dijo:
- Dame una pera, Periquito.
- No, que tú me comiste.
Y dijo Mariquita:
- Periquito, dame una flor.
Y dice:
-Tómalas todas que tú me lloraste, me recogiste, me sembraste y me regaste.

Lo recogió Isabel Maldonado Escudero, 16 años.
Lo contó Andrés Pérez Pérez, 73 años.
Murtas.
Publicado y comentado en

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PERIQUITO Y MARIQUITA

Érase una vez que un matrimonio tenía dos hijos, niño y niña, que se llamaban Periquito y Mariquita. Los padres eran trabajadores del campo.

Cierto día, (no estarían muy abundantes de comida), la madre determinó quitarles los piojitos a los niños y así, cuando se durmieran, le clavaría un alfiler a Periquito y lo mataría. Así lo hizo. Luego lo limpió, lo echó en la olla y se marchó a misa dejándole el encargo a Mariquita de que cuidara el fuego y que no destapara la olla. Pero la niña, llena de curiosidad, la destapó y se encontró con su hermano, subiendo y bajando según hervía la comida, como queriéndole decir: "sácame de aquí; sácame de aquí". La niña, muy triste, se retiró a llorar a su habitación.
Cuando su madre vino de misa, puso la mesa y llamó a su hija para comer. La niña dijo que estaba muy mala y no quería comer. Su madre se enfadó mucho y la castigó a llevar la comida al padre. Este también quiso que comiera la niña, pero Mariquita se negó diciendo que ya había comido. Y se entretenía recogiendo los huesos que su padre arrojaba al suelo. De vuelta, se encontró un peral muy hermoso, hizo un hoyo, sembró los huesos y se marchó llorando para su casa. Después de varios días toda la familia se fue al campo y pasaron por el peral. Se quedaron boquiabiertos al verlo lleno de peras y en las ramas más altas estaba Periquito, contemplándolos. Entonces su madre, muy contenta, le pidió una pera y Periquito le contestó:
- No, madre que me mataste.
Del mismo modo, el padre le pidió otra. Y Periquito:
- No, padre, que tú me comiste.
Y su hermanita se atrevió también a pedirle y contestó:
- Tómalas todas, que tú me sembraste.


Lo recogió Trinidad Álvarez Rodríguez, 10 años.
Lo contó su abuela Rosario Benticuaga Rodríguez, 67 años.
Lanjarón.

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PERIQUITO Y MARIQUITA

Érase una vez una madre que tenía un niño y una niña. Al niño lo mandó a por leña y a la niña a por levadura. Y les dijo:
- Al que primero llegue le regalo una cosa.
Vino primero el niño y le dijo a la madre que tenía sueño. La madre le dijo que se acostara en la cama. El niño le respondió que no y se fue a acostar en la artesa.
Cuando estaba dormido fue la madre y lo mató y lo puso en una olla a hervir.
Entonces llegó Mariquita y dijo:
- ¿Dónde está mi Periquito?
Su madre le contestó que no había vuelto todavía y que no destapase la olla, que se quemaría. Pero la niña no hizo caso, destapó la olla y allí estaba hirviendo Periquito.
Cuando el niño estuvo cocido, su padre y su madre se lo comieron y le decían a la niña que si no comía. Ella decía que no y todos los huesos que iban tirando los sembró a la orilla del mar.

A los dos días asomó Periquito, cantando, y traía una caja de bombones y caramelos. Y le dijo su padre:
- Dame, Periquito.
- ¡No, que me comiste!
Y le dijo su madre:
- Dame, Periquito.
-¡No, que me mataste!
Y le dice su hermana:
- Dame, Periquito.
- Para ti sí, Mariquita hermosa, que me sembraste.

Lo recogió Juan Vela Rodríguez, 10 años.
Turón.

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PERIQUITO Y MARIQUITA

Érase una vez una madre que tenía dos hijos. Se llamaban Periquito y Mariquita.
Un día Periquito dijo:
- Madre, tengo sueño.
- Acuéstate en la cama de tu padre – le contestó la madre.
- No, que tiene piojos.
- Pues en mi cama.
- No, que tiene pulgas.
-¡Pues acuéstate en la sartén!
- Ahí sí.
Y su madre lo mató con el cuchillo y lo puso a freír. Y le dijo a Mariquita:
- Llévale de comer a tu padre.
Por el camino, Mariquita se encontró con una viejecita que llevaba un perro y le preguntó:
- ¿Por qué lloras, niña?
- Porque mi madre ha matado a mi hermano y se lo ha dado de comer a mi padre.
- No llores. Dile a tu padre que te dé los huesos para mi perro.
Mariquita los sembró y nació un árbol. En lo alto del árbol estaba Periquito.

Llegó su padre y le dijo:
- Periquito, dame manzanas.
- No, que me comiste.
Llegó su madre:
- Periquito, dame peras.
- No, que me mataste.
Su hermana:
- Periquito, dame cerezas.
- Para ti todas, que tú me sembraste.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. El que no lo haya entendido, el culo tiene pegado.

Lo recogió Elena.
Turón.

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HISTORIA DE PERIQUITO Y PERIQUITA

HISTORIA DE PERIQUITO Y PERIQUITA

Érase un matrimonio que tenía dos hijos. Se llamaban Periquito y Periquita.
Se les murió la madre. Eran muy pobres y no tenían nada. El padre se casó y la madrastra era muy mala. Ya ves si era mala que un día mandó a Periquito a por leña y a Periquita a por agua y les dijo:
- Al primero que venga le daré una cosa.
Periquito fue el primero en llegar y le dijo:
- Ven, hijo, que te dé la cosa.
Y, entonces, lo que realmente hizo fue clavarle un gran alfiler en la cabeza y lo mató. Después lo picó, lo frió y lo echó en una orza y lo escondió debajo de la cama.
Más tarde llegó Periquita y preguntó por su hermano. La madrastra le dijo:
- No ha venido todavía.- y añadió - Ponte a barrer la casa.
Barriendo la casa, Periquita vio la orza, la destapó y se encontró con su hermano.
Cuando terminó de barrer, su madrastra la envió a que llevase de comer a su padre, que estaba en el campo. Por el camino iba llorando y llorando.
Y una paloma blanca le preguntó:
- ¿Por qué lloras, Periquita?
Y ella contestó:
- Porque mi madrastra ha matado a mi hermano y me lo ha dado para que le lleve de comer a mi padre.
La paloma le contestó:
- No llores, Periquita. Haz lo que te voy a decir. Recoge todos los huesos que tu padre vaya tirando y siémbralos en el tronco del níspero, que tu hermano nacerá de nuevo.
Su padre comía y hueso que tiraba, hueso que ella recogía. Y el padre le preguntaba:
- ¿Para qué recoges los huesos, Periquita?
- Para el perro - contestaba ella.
Se los llevó y los sembró en el tronco del níspero.
Aquella misma noche soñó que su hermano había nacido...
A la mañana siguiente fue al árbol y halló a su hermano sentado en el tronco.
Se juntaron y fueron felices.

Lo recogió Marga Sánchez Martín, 19 años.
Lo contó su madre Josefa Martín, 45 años.
Órgiva.

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LA FLOR DEL ALICAR

En el cortijo "Los palos" vivía una familia que tenía tre' zijos. El padre le' decía que pa' here'ar el cortijo tenían que encontrar la flor del alica’, que era una flor que tenía podere’. Antonce’, al otro día, zu mad’e le' jechó comí'a en la talega. El zagá' máj chico ze fue por zu la'o y los máj mozuelos, que eran máj malo’ que Caín, ze fueron junto’. El máj chico, que era una güena perzona, una de la’ noche’ que ze ‘jtaba pazando bajo un árbol, ze le apareció la Virgen y le dijo pa' onde tenía que ir pa' encontra’ la flor del alica’. Ya la encontró y cuando la trunquía en la talega, loj ‘ermano’, que le galiparon, ze ‘zcondieron. El probe, tan ajeno que iba, zirvandillo, cuando menos ze lo esperó, loj otro’ que ‘ztaban al acecho, le echaron er guante y pa' que no pudiera decir na' lo apalearon y lo enterraron en una caña'ílla. Ya cogieron la flor del alica’ y ze fueron camino del cortijo.
Zu pa’re ze que'ó pajma'o al ver aparece’ loj do’ mozo’ con la flor del alica’. El probe eztaba en un trance; dejpué’ de mucha’ hora’ dándole vuerta’ a la cabeza dizcurrió que ze lo dejaría a loj do’.
Un día que ze fueron de labranza ze dejó cae por allí un pajtorcillo que z’ había jecho una frauta y que al ir a zoplá' zalía como una muziquilla diciendo: "me mataron por ze’ yo el qu’ encontró la flo’ del alica". Y el pa’re, que lo oyó, llamó a zu’ do’ zijos pa' que oyeran lo que decía la frauta. Ello’, que lo zabían, ya cogieron loj burro’ y trajpuzieron lomo abajo. Y al paza’ por laj cañavera’ ‘onde habían zepurta’o al hermano dezaparecieron y no ze zupo máj na' d'elloj.

Lo recogió Maribel Maldonado Escudero, 16 años.
Lo contó Amalia Rey, 87 años.
Murtas.

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LA HIERBA DE VILÁN

Eesto era una vez que había un rey que tenía tres hijos y los dos hermanos grandes no se llevaban bien con el más chico porque el padre quería dejarle la corona.
Y, como los tres eran hijos, dispuso el padre un día mandarlos a buscar la hierba de vilán, y el que la encontrara se llevaría la corona.
Salieron a buscarla y al más pequeño lo dejaron perdido y los dos mayores se fueron juntos.
Ya estaba solo y aburrido y se encontró con un viejecito que le dijo:
- Chico, ¿qué te pasa que estás tan triste?
Entonces le contó su caso, que iba buscando la hierba de vilán. Y el viejecito le dio la hierba de vilán y le dijo:
- Vete para tu casa y si te encuentras con tus hermanos no les digas que la llevas.

En un barranco se encontró con sus hermanos y le preguntaron que si la llevaba. El lo negó. Pero lo registraron y se la encontraron. Y decidieron matarlo allí mismo para quitarle la hierba de vilán y lo enterraron en el barranco y se fueron para su casa con la hierba. Se la entregaron a su padre y le dijeron que la habían encontrado los dos. Les preguntó por su hermano pequeño y le dijeron que no lo habían visto. Su padre quedó muy apenado.
Pasó el tiempo y en el sitio donde lo habían enterrado nacieron unas cañaveras. Un día acertó a pasar por allí un cedacero y le llamaron la atención. Cortó una caña, hizo un pito y lo empezó a tocar. Y decía:

"Cedacero, no me toques
ni me dejes de tocar.
Mis hermanos me mataron
por la hierba de vilán".

Esta maravilla llegó a oídos del rey y lo mandó llamar a palacio.
El padre tocó el pito y decía:

"Padre, no me toque
ni me deje de tocar.
Mis hermanos me mataron
por la hierba de vilán".

Entonces el padre mandó llamar a sus hijos. Lo tocó el hermano mayor y decía:

"No me toques, hermano,
ni me dejes de tocar.
Tú fuiste quien me mataste
por la hierba de vilán".

Y entonces lo tocó el otro y decía:

“No me toques, hermano,
ni me dejes de tocar
que entre los dos me matásteis
por la hierba de vilán”.


Lo recogió Fco. Ruiz Enríquez, 10 años.
Lo contó Dolores Cobo Lorenzo, 69 años.
Yátor.

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LOS TRES HERMANOS IGUALES

Érase una vez tres hermanos iguales cuyos padres habían muerto. Entonces el mayor dijo:
- Me voy a buscar. Mirad: voy a poner en este vaso agua y tierra; si se enturbia, es que estoy en peligro.
Se marchó y andando, andando, se encontró con una mujer asomada al balcón de su palacio. Se quedó mirándola y ella se dio cuenta y le dijo:
- Sube.
El subió. Cuando se hizo de noche le preguntó:
- ¿Qué es aquella lucecita que se ve allá?
- Es el Castillo de Irás y No Volverás.
Cuando se acostaron, él puso el perro a un lado y la espada en el medio. A media noche se levantó y se encaminó al castillo. Entró y se quedó encantado.
Los hermanos vieron entonces cómo el agua del vaso se enturbiaba. El hermano mediano dijo:
- Nuestro hermano está en peligro. Voy a ver lo que le ha pasado. Yo también voy a poner un vaso con agua y tierra para que sepas cuándo necesito ayuda.
Echó a andar y se encontró con la mujer asomada al balcón de su palacio. Se quedó mirándola y ella le dijo:
- ¿Por qué te quedas mirándome? ¿Es que ya no me conoces? Sube ya.
El subió. Por la noche le preguntó:
¿Qué es aquella lucecita que se ve?
- Pero hombre, ¿ es que ya no te acuerdas? Si te lo dije anoche: es el Castillo de Irás y No Volverás.
Cuando se acostaron puso la espada a un lado y el perro en el suelo. Ella dijo:
- ¿Por qué anoche pusiste la espada en el medio y hoy la pones a un lado?
- La pongo como quiero. A veces la pongo y a veces no la pongo.
A media noche se levantó y fue al Castillo de Irás y No Volverás. Y no hizo mas que entrar y se quedó encantado.
Y el otro hermano vio que el agua se ponía turbia y se dijo:
- Mis hermanos están en peligro. Voy a ver lo que les ha pasado.
Echó a andar y también se encontró con la mujer asomada al balcón de su palacio. El se quedó mirándola y ella le dijo:
- No te quedes ahí parado. Sube, anda.
El se dijo que aquella mujer conocía a sus hermanos. Y por la noche le preguntó:
- ¿Qué es aquella lucecita que se ve allí?
Ella le contestó:
- Te lo dije anoche y anteanoche y otra vez te lo tengo que decir: ¡ es el Castillo de Irás y No Volverás!
En cuanto se acostaron puso la espada y el perro en el suelo. Pero ella ya no le preguntó nada. Pasaron la noche juntos y, cuando clareaba, se fue hacia el Castillo de Irás y No Volverás. De camino se encontró con una viejecita que, al verlo tan triste, le preguntó qué le pasaba. El le explicó que sus hermanos estaban encantados en el Castillo de Irás y No Volverás. La vieja le dijo:
- Compra una escoba. Cuando llegues, verás a una bruja barriendo con los pelos. Le regalas la escoba. También hay un león comiendo paja y un burro comiendo carne. Le pones al león la carne y al burro la paja. Sólo así tus hermanos se desencantarán.
Hizo lo que le dijo la vieja y sus hermanos se desencantaron. De regreso se encontraron con la mujer asomada al balcón de su palacio. Cuando ella los vio, los tres iguales, se quedó sorprendida.
El hermano mayor dijo:
- Elige de entre nosotros al que haya pasado la noche contigo.
Y eligió al hermano más pequeño. Se casaron y vivieron felices y dejaron que los otros dos hermanos se quedaran a trabajar en palacio.


Lo recogió Fina Requena Mingorance, 14 años.
Lo contó su madre Virtudes Mingorance, 48 años.
Yegen.

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