Siguió su camino y al llegar al pueblo se encontró con sus hermanos. Se contaron su aventura y decidieron quedarse a cumplir los siete días con el último que había llegado.
Lo contó su madre Elena Romera,43 años.
Albondón.
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Érase una vez que un matrimonio tenía dos hijos, niño y niña, que se llamaban Periquito y Mariquita. Los padres eran trabajadores del campo.
Érase una vez una madre que tenía un niño y una niña. Al niño lo mandó a por leña y a la niña a por levadura. Y les dijo:
- Al que primero llegue le regalo una cosa.
Vino primero el niño y le dijo a la madre que tenía sueño. La madre le dijo que se acostara en la cama. El niño le respondió que no y se fue a acostar en la artesa.
Cuando estaba dormido fue la madre y lo mató y lo puso en una olla a hervir.
Entonces llegó Mariquita y dijo:
- ¿Dónde está mi Periquito?
Su madre le contestó que no había vuelto todavía y que no destapase la olla, que se quemaría. Pero la niña no hizo caso, destapó la olla y allí estaba hirviendo Periquito.
Cuando el niño estuvo cocido, su padre y su madre se lo comieron y le decían a la niña que si no comía. Ella decía que no y todos los huesos que iban tirando los sembró a la orilla del mar.
A los dos días asomó Periquito, cantando, y traía una caja de bombones y caramelos. Y le dijo su padre:
- Dame, Periquito.
- ¡No, que me comiste!
Y le dijo su madre:
- Dame, Periquito.
-¡No, que me mataste!
Y le dice su hermana:
- Dame, Periquito.
- Para ti sí, Mariquita hermosa, que me sembraste.
Érase una vez una madre que tenía dos hijos. Se llamaban Periquito y Mariquita.
Un día Periquito dijo:
- Madre, tengo sueño.
- Acuéstate en la cama de tu padre – le contestó la madre.
- No, que tiene piojos.
- Pues en mi cama.
- No, que tiene pulgas.
-¡Pues acuéstate en la sartén!
- Ahí sí.
Y su madre lo mató con el cuchillo y lo puso a freír. Y le dijo a Mariquita:
- Llévale de comer a tu padre.
Por el camino, Mariquita se encontró con una viejecita que llevaba un perro y le preguntó:
- ¿Por qué lloras, niña?
- Porque mi madre ha matado a mi hermano y se lo ha dado de comer a mi padre.
- No llores. Dile a tu padre que te dé los huesos para mi perro.
Mariquita los sembró y nació un árbol. En lo alto del árbol estaba Periquito.
Llegó su padre y le dijo:
- Periquito, dame manzanas.
- No, que me comiste.
Llegó su madre:
- Periquito, dame peras.
- No, que me mataste.
Su hermana:
- Periquito, dame cerezas.
- Para ti todas, que tú me sembraste.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. El que no lo haya entendido, el culo tiene pegado.
HISTORIA DE PERIQUITO Y PERIQUITA
Érase un matrimonio que tenía dos hijos. Se llamaban Periquito y Periquita.
Se les murió la madre. Eran muy pobres y no tenían nada. El padre se casó y la madrastra era muy mala. Ya ves si era mala que un día mandó a Periquito a por leña y a Periquita a por agua y les dijo:
- Al primero que venga le daré una cosa.
Periquito fue el primero en llegar y le dijo:
- Ven, hijo, que te dé la cosa.
Y, entonces, lo que realmente hizo fue clavarle un gran alfiler en la cabeza y lo mató. Después lo picó, lo frió y lo echó en una orza y lo escondió debajo de la cama.
Más tarde llegó Periquita y preguntó por su hermano. La madrastra le dijo:
- No ha venido todavía.- y añadió - Ponte a barrer la casa.
Barriendo la casa, Periquita vio la orza, la destapó y se encontró con su hermano.
Cuando terminó de barrer, su madrastra la envió a que llevase de comer a su padre, que estaba en el campo. Por el camino iba llorando y llorando.
Y una paloma blanca le preguntó:
- ¿Por qué lloras, Periquita?
Y ella contestó:
- Porque mi madrastra ha matado a mi hermano y me lo ha dado para que le lleve de comer a mi padre.
La paloma le contestó:
- No llores, Periquita. Haz lo que te voy a decir. Recoge todos los huesos que tu padre vaya tirando y siémbralos en el tronco del níspero, que tu hermano nacerá de nuevo.
Su padre comía y hueso que tiraba, hueso que ella recogía. Y el padre le preguntaba:
- ¿Para qué recoges los huesos, Periquita?
- Para el perro - contestaba ella.
Se los llevó y los sembró en el tronco del níspero.
Aquella misma noche soñó que su hermano había nacido...
A la mañana siguiente fue al árbol y halló a su hermano sentado en el tronco.
Se juntaron y fueron felices.
Eesto era una vez que había un rey que tenía tres hijos y los dos hermanos grandes no se llevaban bien con el más chico porque el padre quería dejarle la corona.
Y, como los tres eran hijos, dispuso el padre un día mandarlos a buscar la hierba de vilán, y el que la encontrara se llevaría la corona.
Salieron a buscarla y al más pequeño lo dejaron perdido y los dos mayores se fueron juntos.
Ya estaba solo y aburrido y se encontró con un viejecito que le dijo:
- Chico, ¿qué te pasa que estás tan triste?
Entonces le contó su caso, que iba buscando la hierba de vilán. Y el viejecito le dio la hierba de vilán y le dijo:
- Vete para tu casa y si te encuentras con tus hermanos no les digas que la llevas.
Érase una vez tres hermanos iguales cuyos padres habían muerto. Entonces el mayor dijo:
- Me voy a buscar. Mirad: voy a poner en este vaso agua y tierra; si se enturbia, es que estoy en peligro.
Se marchó y andando, andando, se encontró con una mujer asomada al balcón de su palacio. Se quedó mirándola y ella se dio cuenta y le dijo:
- Sube.
El subió. Cuando se hizo de noche le preguntó:
- ¿Qué es aquella lucecita que se ve allá?
- Es el Castillo de Irás y No Volverás.
Cuando se acostaron, él puso el perro a un lado y la espada en el medio. A media noche se levantó y se encaminó al castillo. Entró y se quedó encantado.
Los hermanos vieron entonces cómo el agua del vaso se enturbiaba. El hermano mediano dijo:
- Nuestro hermano está en peligro. Voy a ver lo que le ha pasado. Yo también voy a poner un vaso con agua y tierra para que sepas cuándo necesito ayuda.
Echó a andar y se encontró con la mujer asomada al balcón de su palacio. Se quedó mirándola y ella le dijo:
- ¿Por qué te quedas mirándome? ¿Es que ya no me conoces? Sube ya.
El subió. Por la noche le preguntó:
¿Qué es aquella lucecita que se ve?
- Pero hombre, ¿ es que ya no te acuerdas? Si te lo dije anoche: es el Castillo de Irás y No Volverás.
Cuando se acostaron puso la espada a un lado y el perro en el suelo. Ella dijo:
- ¿Por qué anoche pusiste la espada en el medio y hoy la pones a un lado?
- La pongo como quiero. A veces la pongo y a veces no la pongo.
A media noche se levantó y fue al Castillo de Irás y No Volverás. Y no hizo mas que entrar y se quedó encantado.
Y el otro hermano vio que el agua se ponía turbia y se dijo:
- Mis hermanos están en peligro. Voy a ver lo que les ha pasado.
Echó a andar y también se encontró con la mujer asomada al balcón de su palacio. El se quedó mirándola y ella le dijo:
- No te quedes ahí parado. Sube, anda.
El se dijo que aquella mujer conocía a sus hermanos. Y por la noche le preguntó:
- ¿Qué es aquella lucecita que se ve allí?
Ella le contestó:
- Te lo dije anoche y anteanoche y otra vez te lo tengo que decir: ¡ es el Castillo de Irás y No Volverás!
En cuanto se acostaron puso la espada y el perro en el suelo. Pero ella ya no le preguntó nada. Pasaron la noche juntos y, cuando clareaba, se fue hacia el Castillo de Irás y No Volverás. De camino se encontró con una viejecita que, al verlo tan triste, le preguntó qué le pasaba. El le explicó que sus hermanos estaban encantados en el Castillo de Irás y No Volverás. La vieja le dijo:
- Compra una escoba. Cuando llegues, verás a una bruja barriendo con los pelos. Le regalas la escoba. También hay un león comiendo paja y un burro comiendo carne. Le pones al león la carne y al burro la paja. Sólo así tus hermanos se desencantarán.
Hizo lo que le dijo la vieja y sus hermanos se desencantaron. De regreso se encontraron con la mujer asomada al balcón de su palacio. Cuando ella los vio, los tres iguales, se quedó sorprendida.
El hermano mayor dijo:
- Elige de entre nosotros al que haya pasado la noche contigo.
Y eligió al hermano más pequeño. Se casaron y vivieron felices y dejaron que los otros dos hermanos se quedaran a trabajar en palacio.