miércoles, 26 de noviembre de 2008

PERIQUITO Y MARIQUITA

Érase una vez que un matrimonio tenía dos hijos, niño y niña, que se llamaban Periquito y Mariquita. Los padres eran trabajadores del campo.

Cierto día, (no estarían muy abundantes de comida), la madre determinó quitarles los piojitos a los niños y así, cuando se durmieran, le clavaría un alfiler a Periquito y lo mataría. Así lo hizo. Luego lo limpió, lo echó en la olla y se marchó a misa dejándole el encargo a Mariquita de que cuidara el fuego y que no destapara la olla. Pero la niña, llena de curiosidad, la destapó y se encontró con su hermano, subiendo y bajando según hervía la comida, como queriéndole decir: "sácame de aquí; sácame de aquí". La niña, muy triste, se retiró a llorar a su habitación.
Cuando su madre vino de misa, puso la mesa y llamó a su hija para comer. La niña dijo que estaba muy mala y no quería comer. Su madre se enfadó mucho y la castigó a llevar la comida al padre. Este también quiso que comiera la niña, pero Mariquita se negó diciendo que ya había comido. Y se entretenía recogiendo los huesos que su padre arrojaba al suelo. De vuelta, se encontró un peral muy hermoso, hizo un hoyo, sembró los huesos y se marchó llorando para su casa. Después de varios días toda la familia se fue al campo y pasaron por el peral. Se quedaron boquiabiertos al verlo lleno de peras y en las ramas más altas estaba Periquito, contemplándolos. Entonces su madre, muy contenta, le pidió una pera y Periquito le contestó:
- No, madre que me mataste.
Del mismo modo, el padre le pidió otra. Y Periquito:
- No, padre, que tú me comiste.
Y su hermanita se atrevió también a pedirle y contestó:
- Tómalas todas, que tú me sembraste.


Lo recogió Trinidad Álvarez Rodríguez, 10 años.
Lo contó su abuela Rosario Benticuaga Rodríguez, 67 años.
Lanjarón.

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